MONTAÑITA ARTE Y CULTURA
La buena o mala fama de Montañita no decae. Es verano, supuesta temporada baja, pero por aquí ni se han enterado. Por sus estrechas calles, los numerosos turistas deambulan en busca de bebidas, comida, baile, o simplemente, de la playa. Pero la mayoría quiere más.
La zona es de extremos. Cuerpos bronceados intensos, gente descalza, la moda echada a un lado. Se visten bermudas, camisetas, lo que venga en gana. Otros llevan tablas de surfear bajo el brazo, casi como un souvenir adicional.
De fondo musical, las olas, que golpean fuerte. El sonido se mezcla con la otra música, la de Bob Marley, los Beatles y hasta de los Stones. Cualquier pop barato no cuadra aquí. Si no que lo digan los hombres y mujeres que caminan sin prisa por la calle principal, la única, de nombre Guido Chiriboga. Aquí está el verdadero movimiento de Montañita, el comercio que atrae a muchos, instalado en improvisados escaparates al filo de las veredas. Se ofrecen artesanías de todo tipo.
La mayoría de comerciantes son mochileros extranjeros que trabajan en esto para solventar sus gastos en el país. Entre ellas, la chilena Pelusa Julio, quien oferta artículos elaborados en base a diversas clases de conchas del sector (como la Spondylus) o palmeras, como la tagua.
Aquí no se gana, pero se goza. Las ventas son pocas, pero la alegría es intensa. Hombres y mujeres con piercings, tatuajes y cabellos largos ríen, cantan, hablan sin freno. Un trío era el conformado por el chileno José Vergara, el italiano Fabio Rivative y alemán Alexander Nieswann, quienes, arrimados a una pared, tocaban jazz. Lo hacían bien.
Frente a ellos, una caja se mostraba abierta a las contribuciones monetarias del respetable público. Ellos llegaron hace dos semanas, y la pasión que comparten por la música los unió.
Mientras ellos tocan, los observa el argentino Manuel Gigena, de 24 años, que ofrece a $4 los ya famosos “happy brawnies” o galletas felices. A simple vista parecen un dulce más, pero vienen cargados con un toque de marihuana en su base y están espolvoreados con la misma hierba, pero molida.
Pareciese como si la seguridad no hiciera falta en este balneario, ya que las personas caminan entre las escasas cuadras de esta bohemia playa como si fueran vecinos de toda la vida. Los policías brillan por su ausencia. En la calle que termina en la playa están los vendedores de cocteles. Pero que nadie se confíe, en Montañita ocurren delitos, como en todas partes.
En las cuatro calles a lo largo y tres a lo ancho de la zona fiestera de Montañita, Vera Auf der Maur, suiza de 29 años, vive un escenario distinto, alejado del paradisíaco. Se queja de los olores putrefactos que salen de las alcantarillas, eterno problema de la comuna. Estos se mezclan con el aroma que emana desde la carretilla D”Nico, dedicada a la venta de comida rápida como hamburguesas, hot dogs, sándwinches y colas. Vende bastante.
Los ecuatorianos también hacen la ruta. Es el caso de la artesana Magdalena Colchas, que ofrece sombreros hechos con la fibra de la palma de coco a $5. “He salido a conocer otras culturas, gentes y vivencias”, cuenta con cierto acento chileno. Varias veces ha recorrido Costa Rica, Chile, Perú, Bolivia y Argentina.
En otra esquina de la misma calle, Carolina Scally trenza paciente una pulsera. A su lado, el alemán Lich Barden pulsa lento sus cuernos (instrumento para realizar sonidos), por lo que reflexiona: “El mundo se hizo para recorrerlo, y como no hay fronteras, estoy aquí”. Esta playa dispone de al menos medio centenar de alojamientos, como hostales, hoteles y viviendas compartidas para este propósito. Hay para todo bolsillo.
Por la noche, malabaristas convierten a Montañita en un circo con mar. “Nuestros escenarios son las aceras y parques”, dice el chileno Fernando Mardone. Uno de los sitios más populares para los farreros es Hola Ola. Cerca hay una piscina, lista para recibir a los que decidan darse un chapuzón. Y aunque el sol se despide del mar, este queda acompañado de buena música. Entre un juego de luces sesgadas y curvas proyectadas en la arena.


No hay comentarios:
Publicar un comentario